martes, 4 de agosto de 2009

Introducción

La Artillería ha estado presente en las islas Canarias desde el año 1402, pues ya Juan de Bethencourt disponía de Artillería y Pertrechos, también tenía piezas de Artillería Diego García de Herrera cuando desembarcó en el Bufadero, cerca de Paso Alto en Santa Cruz, donde permaneció entre 1464 y 1477 e igualmente las utilizó Juan Rejón el 30 de julio de 1470 con sus «bien dirigidos tiros de ballestas, arcabuces y falconetes» contra los naturales de Telde y Gáldar. La primera Artillería que se utilizó para la defensa del puerto de Santa Cruz fue donada por los Reyes Católicos al Adelantado hacia el año 1502.
Aunque existen noticias vagas sobre las primeras fortificaciones de las islas, son pioneras las siguientes: Zonzamas en Lanzarote (1404), Torre del Conde en La Gomera (1475), Torre de Diego de Herrera en Tenerife (1466), Torre de Gando en Gran Canaria (1457 ó 1459) y la misteriosa torre de Antigua (Fuerteventura), cuyo topónimo ya rotula Leonardo Torriani en el mapa de esa isla . Es después de la incorporación de las Islas a la Corona de Castilla cuando se erigen los primeros castillos con el propósito de que en ellos juegue la Artillería, es el caso de la torre primigenia de la isla de Gran Canaria construida, en 1494, por Alonso de Fajardo, quien aprovechó los cimientos y, posiblemente, los materiales de la antigua de Juan Rejón que se había levantado entre 1479 y 1480; años después, en 1572, la torre quedó encerrada en el castillo de la Luz o de las Isletas. Sobre ese castillo véase: Arqueología de La Fortaleza de Las Isletas. La memoria del Patrimonio Edificado (2005).
No haremos un estudio sobre las fortificaciones de las islas ya suficientemente tratado por muchos cronistas e historiadores y también por las distintas publicaciones del Museo Histórico Militar de Canarias con sede en Almeyda (Santa Cruz de Tenerife). Principalmente: Pinto de la Rosa, José María (1996); Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias. Las constantes interceptaciones de la flota de Indias por parte de los franceses durante el reinado de Francisco I, obligaron a Carlos I a dar una Real Cédula en 1534 autorizando a fundir en la Real Fundición de Málaga cuatro cañones, dos medias culebrinas y un falcón para la defensa de la isla de Tenerife.
Una de las primeras intervenciones de la Artillería de Santa Cruz tuvo lugar en noviembre de 1552 cuando el pirata francés Alphonse de Saintonge entró de noche en el puerto, pero desde el primitivo Cubelo se abrió fuego, el primer disparo dio en el blanco hundiendo a la nave Capitana con el capitán y parte de la tripulación.
En un inventario de 1555 se daba cuenta al emperador que el lugar y puerto de Santa Cruz disponía para su defensa de dos sacres y un cañón pedrero, propiedad del Adelantado, denominado San Miguel, este popular cañón figura prácticamente en todos los inventarios del siglo XVI y XVII que obran en el archivo del antiguo Cabildo de Tenerife. Las competencias en materia de defensa correspondían a los Cabildos de Gran Canaria y de Tenerife y La Palma y a los Señores de El Hierro, Fuerteventura La Gomera y Lanzarote, aunque las peticiones de Artillería las realizaban los Cabildos o los Señores de las islas directamente al Rey, muchas veces éste no podía satisfacerlas, por lo que se acudía al libre mercado, como es el caso de dos medias culebrinas compradas en Flandes por Juan de Monteverde en 1552 o dos culebrinas adquiridas en Lisboa en 1556.
Ante los continuos ataques piráticos, los isleños sienten la necesidad de defenderse y lo que en principio tenía carácter esporádico, desde 1554 empieza a ser permanente, naciendo las Milicias Canarias y dentro de ellas la Compañía de Artillería.
En 1576 el Cabildo de Gran Canaria con cargo al impuesto de ciertas mercancías provee el puesto de un artillero veterano por cada baluarte y dos años después el Cabildo de Tenerife hace lo propio con el castillo de San Cristóbal.
En 1581 el Rey envió al italiano Oliverio de Bastiano para que instruyese a los artilleros de las islas en el manejo de los cañones, misión en la que se ocupó hasta su muerte en 1587. Poco después, en 1589, el Rey envió a Juan Negrete con idéntica misión, éste emitió un detallado informe sobre la Artillería de las islas, que sirve para conocer el grado de defensa en que se encontraban las islas.
Hasta el año 1625 no se vuelven a producir cambios en la organización de la Artillería, en ese año es cuando el Rey envió al Capitán General don Francisco González de Andía y Larrazábal al que la historia ha conocido como «Veedor y Reformador de la Guerra», con esta misión organizó tres tercios de milicias en la isla de Tenerife, cada uno con una compañía de Artillería y en la isla de Gran Canaria un tercio, también con su compañía de Artillería. Es famosa la respuesta que le dieron, al general González de Andía, los regidores de Tenerife cuando, recién llegado a la isla, fue recibido en Cabildo; el historiador José de Viera (1772) lo recoge así: «Que el constante amor de los isleños al servicio del rey era tan antiguo y acreditado, como que siempre habían sacrificado sus haciendas y vidas a la defensa de la patria, sin gravamen del real erario. Que ya habían ofrecido, y volverían a ofrecer de nuevo los vecinos de Tenerife, cuánto pudiesen para acabar de fortificar el país. Que solicitarían facultad para que se sacase de las alhóndigas y propios alguna cantidad. Que acortarían los devotos gastos de sus fiestas del Corpus, San Juan, San Cristóbal y la Candelaria. Que suspenderían los salarios de médico, cirujano, boticario, procurador mayor, abogado del concejo, preceptor de gramática, etc. Pero que estos esfuerzos aun no serían bastantes para coronar de suficiente artillería la marina; por lo que esperaban de la piedad del rey que enviaría la más precisa, siempre que el mismo general informase de la imposibilidad de los naturales».
Podría escribir la historia de la Artillería de las islas Canarias. Pero, en su momento, pensé que sería mejor hacerlo a través de los cañones más emblemáticos que han defendido las Isla. Son muchas las fortificaciones que se han conservado a pesar de la incuria del tiempo; sin embargo, no ocurre lo mismo con la conservación del patrimonio artillero, que sólo es posible contemplarlo en pinturas y grabados antiguos. Una serie de circunstancias me han permitido localizar e identificar tres cañones emblemáticos y a través de ellos contar la historia de las islas Canarias:

El Tigre, un cañón de a 16: historia y leyenda‎ (1999).


El Hércules, el cañón más precioso del mundo: Una aproximación a la historia de Canarias a través de la Artillería‎(2004).
Este trabajo se completó con: Una cureña para el Hércules (2005)
En abril de 2015 el Museo Histórico Militar de Almeyda de Santa Cruz de Tenerife ha colgado en la red on video que permite acceder al interior del ánima del cañón. Para entrar, copiar la URL:
https://www.facebook.com/video.php?v=1597880603783205&set=vb.1525286257709307&type=2&theater
 


El cañón Escorpión: De la torre de Londres al castillo de Santa Catalina en la isla de La Palma (2007).

Otros temas relacionados con la historia de la Artillería de las islas Canarias quedan pendientes de exponer en otras entregas.

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